La leyenda de la diosa viviente

La leyenda de la diosa viviente nos sitúa en Katmandú, para narrarnos la historia de Kumari, conocida también con el título de la diosa viviente.
Esta historia comienza hace mas de mil años, temprano, cuando una niña de menos de 4 años llegó al palacio del Rey del momento, y luego de hablar con todos los que debía, logró llegar hasta el.
“¿Qué te trae hasta aquí pequeña?”, preguntó el Rey. Con voz tímida, la niña respondió “Su majestad, estoy segura de estar poseída por el espíritu de la Diosa Virgen“. Luego de tal declaración, todos los presentes quedaron estupefactos. ¿Una niña de menos de un metro venía corriendo al palacio para informar eso?.
Se decidió hacer pasar a la niña por una serie de complicadas pruebas, y al final se comprobó que lo que decía era cierto: era la virgen reencarnada. Se mandó a construir un palacio para ella.
Desde ese momento la tradición continua hasta la actualidad. La selección de una Kumari es un asunto complicado y nada cálido. Las Kumaris deben ser niñas, de entre cuatro y cinco años, y cumplir con treinta y dos requisitos. Entre ellos figuran que su cabello y el iris del ojo sean de color negro. Deben tener una salud sin problemas, y no poseer cicatrices, porque se supone que la virgen jamas sangró. Si cumple con todo, la niña es encerrada en un cuarto donde se la asusta con máscaras de demonios, velas y demás ceremonias. Si supera esta prueba final, la niña es considerada la nueva Kumari.
Es así como ella y toda su familia es trasladada al palacio Kumari Bahal, donde la niña vive encerrada siempre, salvo un día al año, por la peregrinación. Al llegar a la adolescencia, se comienza la nueva elección, porque se considera que al fin de la niñez, la Diosa reencarnada pasa a ser mortal.
Fuente: Educared.org







